lunes, 10 de febrero de 2014

Él

Él me miraba con esos ojos, esas cuencas marrones, profundas y brillosas que nunca podré sacar de mi mente.
Yo no podía pensar en nada más.

Él cantaba canciones de nuestra banda preferida.
Y yo, yo me derretía en el lugar, sin poder quitarle la vista, sin poder siquiera largar de mis pulmones una pequeña exhalación de aire.

Él, siempre con su actitud de ganador y altanero, mirándome y sabiendo de mi amor (pero no de mi sufrimiento), se reía. Reía como nadie más... claro, tenía esos labios carnosos y rosados, los más hermosos que vi.
Yo, odiándolo por su orgullosa terquedad y amándolo por su melodiosa y luminosa risa. 

¿Cómo podré hacer para olvidarlo? 
Si lo grabé a fuego lento sobre mi mente, mi alma y mi corazón.

¿Cómo haré para amar a otros hombres, aún sabiendo que cada amor es único?

Dime por favor cómo hacer. 

No me mires más con esos ojos que enamoran y me hacen flanquear en cualquier momento, no dejes que me deleite con tu hermosa voz que suena al compás de una canción que no comprendo. No me regales esas sonrisas ni tampoco esas carcajadas que me hacen temblar y me envian electricidad hasta lo más profundo del corazón.

Yo debo olvidarte, necesito hacerlo.
Pero no quiero.

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